3 bolas de partido … más

 

padel2En eso también hay segundas oportunidades, y terceras, tantas como deseemos si somos capaces de mejorar a diario. Sin embargo, acabar un partido es la parte más complicada del mismo ya que nos aprisiona la mayor de las responsabilidades, la de ser excelente con uno mismo.

En mi primer post 3 bolas de partido, dedicado a una de mis aficiones irrenunciables, el pádel, sirvió de sustrato para desarrollar símiles funcionales con el trabajo en equipo en empresa, vimos como determinadas situaciones que vivimos en la pista se replican en la empresa y dejé a pie de pista una serie de preguntas para que vosotros mismos, apreciados lectores, les pintaseis respuesta.

Ya apunté que aprender jugando se antoja más eficiente que aprender trabajando, no sólo por el contexto de desarrollo del aprendizaje sino por la carga emocional del mismo. Por ello y dado que me sigue apasionando el pádel y también escribir, aquí os dejo 3 bolas de partido más para ver si sois capaces de acabar el mismo:

– UNO SIEMPRE LO HACE BIEN TODO. Es ya un clásico el tener un compañero que todo lo hace bien, hasta cuando se equivoca. Son esos seres extraños, carentes natos de capacidad de comprensión, que se pasan el partido retransmitiéndote al oído la forma “perfecta” de golpear la bola en todos y cada uno de tus errores … sin falta, no se dejan uno. Pero a la vez acuden a ti en plan coloquial cuando ellos yerran detallándote los milímetros exactos que separaron su golpe de un punto para grabar en vídeo. Y curiosamente son personas que siempre están muy por encima de ti en errores no forzados y que no guardan, por regla general, equilibrio alguno con tu juego, van por su cuenta. Más que maliciosos son flojos, más que prepotentes son incapaces, más que provocadores son, en realidad, peores que tú.

¿Eres consciente de tus limitaciones en tu puesto de trabajo o realmente no eres capaz de ver que fallas más que el compañero al que persistes en recriminar sin descanso? ¿Sabes aceptar un comentario constructivo sobre tu trabajo o todo lo que haces está bien con independencia de los demás? ¿En verdad te crees dotado del don de evangelizar a tus iguales profesional sin pensar en la imagen que estás transmitiendo a través de tus humanos e inevitables fallos?

 – CULPAMOS A LA PALA CUANDO FALLAMOS. Es muy común, demasiado, ver jugadores que por sistema miran inquisitoriamente a la pala cuando fallan o simplemente descargan su ira con ella golpeando paredes, suelo o la red como si ese hecho fuera capaz de aportar mejoras a su nivel de juego. Es tan obvio que el instrumento usado para jugar es inocente de pecado que resulta casi surrealista ver a un ser humano “hablar” con su pala culpándola de un mal golpe. Es muy fácil aunque nulamente efectivo ensañarse con un objeto inanimado ante un error humano ya que con ello seguimos sin adquirir conciencia del error que hemos cometido.

¿Eres de los que descargan las culpas de un error en los demás, de los que piensan que fallar no es para ellos? ¿Piensas que errar es un pecado profesional que debe ocultarse o derivarse a un tercero cuando sale a la luz o entiendes que errar es humano y que debemos aprender de ello para ser mejores cada día? ¿Crees que adquirir conciencia sobre nuestra responsabilidad frente al error es un valor profesional o eres de los que siguen mirando la pala cuando fallan?

– LA CALIDAD DE LA BOLA QUE VIENE. El pádel es un deporte de calidades y de grados de ella en el partido y aún así casi nunca se presta atención al concepto de calidad de bola enviada o recibida. Ocurre mucho que el contrario te dice “claro, es que te dejo la bola facilísima para que me machaques”. De ahí los grados de calidad. La calidad de la bola que me llega viene condicionada por la calidad de la bola que yo he enviado antes, si mi bola es corta el contrario me enviará una bola difícil pero si mi bola es profunda el contrario la devolverá como pueda y la bola que me vendrá será mucho más simple de acometer. Igual pasa con un globo a media pista o un globo que bote pegado al cristal de fondo. Mi calidad de bola marca la calidad de la bola devuelta.

¿Tienes claro que poner el máximo de ti en cada acción profesional te reportará buenos resultados o eres de los que se relajan y achacan los resultados a la suerte? ¿Ves lícito culpar a tus iguales en la empresa porque el trabajo presentado es mediocre cuando ellos lo han estructurado sobre el trabajo que tú has hecho previamente? ¿Eres consciente que si el otro es mejor no hay razón alguna que sirva para que tú te veas mejor que él. Sabes asumir tu posición?

Uno de los métodos de reajuste más simples que hay al fallar un golpe es cerrar brevemente los ojos y visualizar cómo deberíamos haberlo realizado con el objeto de mejorarlo la próxima ocasión. Y una vez abiertos los ojos, pasar página y ponernos de nuevo en juego.

Mi calidad de bola marca la calidad de la bola devuelta

¿Por qué no hacemos lo mismo en la empresa? ¿Por qué ante nuestro error mantenemos los ojos abiertos en búsqueda de culpable en lugar de cerrarlos por un instante, asumir que somos nosotros los responsables del mismo y visualizamos cómo hacerlo la próxima vez? Y una vez abiertos, ir a por la solución sin demora.

Es básico enfocarnos a la solución y no al problema, errar es humano y la responsabilidad de asumirlo, también. Enfadarse con una papelera o culpar al compañero justo cuando ha salido a una visita son acciones de mal jugador y son comportamientos que no sólo nos impiden avanzar sino que nos retrasan frente al avance de los demás.

Y recuerda, la pala no tiene la culpa, cuídala porque sin ella no puedes jugar.

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