Calidad de hora o cantidad de horas

 

tiempo

Nos hemos planteado alguna vez la disyuntiva de que si dedicamos muchas horas a hacer algo lo haremos mejor o peor que si dedicamos nuestra capacidad a hacerlo de la forma más eficiente y efectiva posible?. Hemos pensado alguna vez por qué cualquier evento competitivo se basa en valores objetivados, casi siempre de tiempo o distancia, lo que induce a los participantes a centrarse en su calidad y a tener el tiempo o distancia como referente del objetivo a conseguir?.

Sin embargo, por muchos ejemplos existentes y consolidados, cuando aterrizamos en el mundo de la empresa seguimos siendo el país de la Unión Europea que más horas trabaja y menos productividad obtiene de ellas. Y todo por un vacío de comprensión entre calidad de hora y cantidad de horas lo que unido a una carencia de objetivos definidos y claros provocan el desequilibrio cognitivo.

Porque tampoco es lo mismo ir a trabajar que ir al trabajo, interviniendo aquí la responsabilidad de cada uno en su percepción de posicionamiento dentro de la empresa. Nos hemos parado a pensar que si nos ingresan la nómina a final de mes es porque dicho emolumento es la contraprestación por nuestro mes de trabajo?. Cuántas personas conocéis que se pasan el día repartiendo “uf, cuanto trabajo tengo” cuando en realidad gran parte de ese “trabajo” es el mínimo estándar que se entiende como pactado para ser económicamente contraprestado?.

Y qué decir de la avalancha de metafóricos dedos acusadores en forma de “es que Fulanito tenía que pasarme una información sin la cuál no podía acabar mi trabajo, y claro …“. Es tan fácil ejercer la culpa acusadora y tan difícil de evaluar por la falta de tiempo que el “patinaje de responsabilidad” está a la orden del día. Sin embargo es curioso que pareciendo que los proyectos tienen todo el tiempo del mundo para ser desarrollados no se encuentre tiempo para estructurarlos con coherencia de gestión y perseguir las excusas. Fiel reflejo de ello lo encontramos en palabras de Paco Muro en su libro “Ir o no ir” donde nos cuenta la historia de Yasta y Esque.

Y no son falacias ni leyendas urbanas. Cuántas veces os preguntáis por qué hoy día todo es tan lento, por qué las cosas se dilatan tanto en el tiempo?. Todo parece complicado en exceso, incluso las cosas más simples se van destensando en el tiempo hasta convertirse en tendencia.

No será que a la mayoría de cosas que tenemos por hacer le falta un objetivo temporal cierto y definido?. Es posible que esa distensión en el tiempo nos permite convertirnos en los emperadores de la procrastinación y en los mejores amigos de los ladrones de tiempo que todos tenemos cerca, demasiado cerca?. Todo parece ir en contra de la calidad de hora.

El tejido empresarial siempre ha sufrido esta patología pero los años que lleva la crisis corroyendo los cimientos de nuestros negocios hace que dicha patología adquiera tintes de pandemia con infecciones crecientes y sin visos de una vacuna efectiva. O es que no ponemos suficiente empeño en investigar la vacuna?.

Y si lo hasta descrito no os convence o puede pareceros inconsistente dejad de leer por un instante, cerrad los ojos y preguntaos: “en mi trabajo estoy aportando calidad de hora o estoy haciendo cantidad de horas?“. Si la respuesta es la segunda, volved a leer el artículo y seguro que lo veis de otro color. Sino, enhorabuena, sois afortunados en lo que hacéis.

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