¿Cómo gestionamos el conocimiento?

conocimiento2Es muy fácil de decir pero no tanto de hacer. Gestionar el conocimiento es una necesidad funcional para la empresa actual aunque muchas no sean aún conscientes de si debe siquiera llevarse a cabo. Y el conocimiento abandera una premisa que debería sentar cátedra en el ser humano y es que para hablar con conocimiento, primero hay que tener conocimiento. Parece una obviedad pero en absoluto lo es.

Siempre se ha dicho que la información es valiosa pero como todo hay que prestar atención al origen de la misma y al destino que se le da. Y sobre todo hay que entender cómo gestionarla. Como vemos estamos haciendo más hincapié en el concepto gestionar que no en la información o el conocimiento. Que se entienda la información como valiosa per se ha generado una nueva patología digital, la infoxicación, pero la culpa no recae en si la información es valiosa o no sino en la errónea gestión que se hace de ella.

Todos conocemos innumerables personas que se sienten “válidas” porque acceden a diario a ingentes cantidades de información sin entender que ese acúmulo, lejos de reportarles beneficio, se convierte en su particular asesino de tiempo. Son personas infoxicadas, se sienten en la necesidad de acceder a todo y se identifican con esa densidad de información. Ese es uno de los motivos por los que hay tanta gente ocupada o sin tiempo.

Pero el conocimiento es diferente. En la entradilla comentaba que para hablar con conocimiento primero hay que tenerlo. No pensemos que estamos ante una verdad de Perogrullo, basta escuchar con atención y veremos la ingente cantidad de información que emana de cuerdas vocales y que parece no haber tenido paso previo por los filtros básicos del conocimiento. Es obvio que en conversaciones de bar o peluquería, el interés por la reversión de esa información es nulo más allá de los chismes.

Sin embargo en la empresa, ese espacio agregador de personas seleccionadas para volcar su conocimiento en ella y mejorarla, los estándares de funcionalidad deberían definirse sobre la gestión del conocimiento y para ello necesitamos asegurarnos que tenemos la receta de la abuela para cocinar el conocimiento tácito y el conocimiento explícito.

¿Y tan importante es saberlos cocinar? Parece claro que sí porque su equilibrio relacional es la base de la gestión del conocimiento y sin ese equilibrio tendemos a ser empresas dedicadas a tirar los precios para poder vender, a buscar obstaculizar a nuestros competidores en lugar de ser mejores que ellos o a intentar captar clientes con publicidades más que dudosas. Y todo por no saber qué conocimiento tenemos o qué hacer con el que poseemos.

El conocimiento tácito es el que tenemos cada uno de nosotros basado en lo que sabemos, entendemos y creemos mientras que el conocimiento explícito es el que está estructurado, accesible y al que podemos llegar por diferentes medios. Es decir, un valor o un punto de vista es tácito mientras que una base de datos o un tutorial es explícito.

Por extensión vemos que el primero se postula casi como inclasificable mientras que el segundo es claramente inventariable y estructurable. Cierto es que parecen alejados en concepto y tratamiento por lo que el equilibrio relacional antes comentado podría sonar poco accesible, pero en realidad es el esqueleto de su gestión.

El equilibrio relacional entre los conocimientos tácito y explícito es la base de la gestión del conocimiento

Pero nada podremos hacer si desconocemos lo que sabemos, de ahí lo que comentaba sobre ser conscientes del conocimiento que tenemos para poder hablar sustentándonos en él. A diario asistimos a “discursos” de personas que quieren mostrarse cargadas de razón cuando en realidad emanan un desconocimiento tal del tema que tratan que uno sufre escuchándoles.

Vivimos los tiempos del “no pasa nada”. Hace 15 años uno debía ser estricto en sus comentarios sin embargo hoy día encontramos mares de palabrería barata, charlatanes de todo que dominan nada, vendedores de humo que sólo buscan su interés y un incesante oleaje de ejemplos que no cabe en este post.

A pesar que en la actualidad la carga de conocimiento en el ámbito profesional es más vinculante, si cabe, que hace 15 años parece que en lugar de dotarse de conocimiento muchos se aferran al “no pasa nada” camuflándose bajo un maquillaje profesional de andar por casa que consideran más que apto como competencia profesional.

Desconocer nuestras limitaciones en un mundo tan exigente como el actual, creer que es mejor tener que ser, pensar que el objetivo es que te crean en lugar que te vean y pensar que hablar sin conocimiento tiene más valor que conocer sin decir nada complica sobremanera las relaciones profesionales y desvía el concepto de gestión del conocimiento en la empresa.

Debemos ser estrictos con el conocimiento y honrados con nosotros mismos respecto a él. Hay que concienciarse que el conocimiento es la base funcional de nuestro día a día personal y profesional y que saber gestionarlo es la clave.

Sócrates decía “Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia”. Veinte siglos después vemos con más claridad que nunca que la ignorancia puede llegar a ser hasta peligrosa y que ningún maquillaje nos librará de ella, al extremo la ocultará en determinados escenarios o durante un leve periodo de tiempo pero al final acabaremos sucumbiendo a ella.

El conocimiento tácito es nuestro y el explícito está a nuestra total disposición.

¿A qué esperamos para gestionar correctamente el conocimiento?

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