¿Cómo será tu saque este 2018?

Empieza un nuevo año y vuelve 3 bolas de partido con energías renovadas, mis reflexiones mezcla de padel y empresa en busca del escenario idóneo. Y al hilo de ello, ¿vas a cambiar tu saque este 2018? Enfrente tienes casi 300 días completos para ti como persona y como profesional. ¿Crees que empezando el partido con el mismo saque que usabas en 2017 serás mejor jugador?

No deja de ser aventurado pensar que sí pero sobre todo, es un reto pensar que con un saque mejor serás mejor jugador. ¿Tú cómo lo ves?

Y para empezar sacando este 2018, retomo mi concepto de 3 bolas de partido, donde este amado deporte y la empresa son mi base de análisis y la marca identificativa de mis entradas. Es sabido que la sistemática de aprendizaje basada en entornos de ocio o juego modela una fuerte sedimentación cognitiva nutriéndose de las situaciones vividas en entornos ajenos al mundo de la empresa, apartados de la cálida «zona de confort».

Curiosamente, uno no es consciente de los paralelismos que guarda dicha sinergia hasta que aplica a un problema de la empresa una estrategia, táctica o recuerdo funcional del padel. Es cierto que para ello hay que tener claros ambos escenarios, que hay que apreciar la perspectiva adecuada para poder verlos en armonía y ser así capaces de sacar conclusiones de uno que nos permitan ser, por aplicación, mejores en el otro.

Y aprovechando que abrimos 2018, hablaremos de cómo abrir un partido.

El saque, minimizado o desatendido por muchos por error y casi siempre por desconocimiento, es el golpe con el que se empieza cada juego y, por lógica, el partido. Estamos obligados a sacar, más o menos, la mitad de los juegos del partido y aún así, muchos jugadores, no acaban de ver su sentido. A diferencia del tenis, el saque en padel no es definitivo desde ninguna perspectiva y quizás por eso lo relegan a una simple acción de puesta en juego de la bola. Cuidado, no nos alejemos de ese concepto ya que es también cierto, pero no nos quedemos ahí y obviemos que hacer un buen saque nos da prevalencia en el juego al permitir perfilarnos en ataque ya que dependiendo de su calidad, estamos en disposición de coger la red desde la primera bola.

Y aquí tenemos un dilema de base, si desconozco la importancia del saque, ¿cómo puedo evaluar su impacto en un punto del juego? ¿Cómo puedo decidir si, ganando el sorteo, elijo sacar o restar? ¿Cómo saber si subo a la red con el saque tan solo porque he visto hacerlo y eso me hace perder valor?

De ahí la importancia del conocimiento en el padel, en la empresa y en la vida. De ahí el gran valor de tener perspectiva sobre cada acción que ponemos en funcionamiento, conociendo sus efectos, tanto positivos como negativos. ¿Cómo se entiende que como empresarios sigamos tomando decisiones viscerales sobre acciones de las que no prevemos sus resultados? ¿Es racional aventurarnos a algo que conocemos de pasada porque vemos que nuestros competidores han decidido hacerlo? ¿Somos capaces de apreciar que desconocer es trabajar con desventaja?

¿Eres de los que evalúan y planifican antes de actuar o de los que actúan y sacan conclusiones a posteriori?

Es en esos momentos, cuando subo a la red con un saque simplón, sin dirección prevista ni efecto alguno y recibo un resto ganador o una bola que nos devuelve, a mi compañero y a mi, a posiciones defensivas alejadas de la red en las que hay que remar a contracorriente cuando uno piensa que los demás son «mejores» sin percibir que quizás no se trate de una evaluación subjetiva de la calidad del oponente sino de una falta objetiva de conocimiento sobre las carencias o limitaciones propias.

2018 será un año tenso e intenso, prolífico, dinámico y veloz así como cambiante y lleno de oportunidades. Afrontarlo como 2017 puede ser, como poco, una decisión a meditar. Si sacas en 2018 como sacaste en 2017 a lo más que puedes aspirar es a lo mismo que el año pasado. Reeducarnos y apreciar el conocimiento sobre el valor del saque en cuanto a la probabilidad de ganar el juego es básico para entender que gracias a ello puedes perfilarte como un competidor diferente.

No es fácil de procesar que el «hacer lo mismo de siempre» sea una máxima que se mantiene aún en muchas empresas, en parte por el miedo a cambiar porque parece que todo funciona y en parte por desconocer qué hacer para cambiar. Hay que evaluar con rigor y exigencia propia que la realidad subjetiva del «todo funciona» dista, en muchas empresas, de su verdad objetiva en lo que a resultados se refiere. Ese es uno de los equilibrios que condicionan nuestra dirección de negocio.

Quien tema al cambio debería pensar qué nivel de miedo es capaz de soportar si sufre un quebranto en su empresa o entra en riesgo de perderla tan solo por no haberse adaptado a ese cambio. Por miedo anticipado, estaremos generando una situación a la que temer de verdad.

La empresa ya no es lo que era hace tan solo 10 años porque el mercado y el cliente ya no son los mismos. No tiene mucho sentido que estemos planificando viajes tripulados a Marte y que los trasplantes de corazón sean casi rutinarios cuando el tejido empresarial sigue tratando de «ajeno a su empresa» escenarios de desarrollo como el marketing de contenidos, el valor de los comentarios en las redes sociales o la redefinición del liderazgo en los equipos de trabajo. Adaptarse al nuevo ecosistema forma parte del desarrollo de la empresa, igual que tener un saque mejor forma parte de tu desarrollo como jugador. Hay que saber adaptarse al partido que nos ha tocado jugar.

Porque cuando defendemos lo nuestro no debemos ni podemos ser timoratos porque nos jugamos nuestro bienestar. Si temes mejorar tu saque para ir hacia delante con mayor confianza y garantía de dominar el punto, es el momento de aprender ya que no hacerlo te enfrentará a competidores mejores, y en ocasiones, sin que ellos siquiera hayan mejorado. Si el año pasado eran mejores y tú no cambias, este año entrante lo seguirán siendo. Y ya basta de vivir instaurado en la queja, ¿no crees? Adquirir conciencia de tus limitaciones es el primer paso para proyectarte en tus valores.

En el padel se premia el menor número de errores no forzados. En la empresa, también. No fuerces errores por no atender a tus necesidades de cambio y planificación. Y cuidado, que en la empresa no tienes segundo saque, aquí es todo doble falta porque tus clientes son mucho más perspicaces que hace 5 años y tus competidores están tan solo a un clic de distancia de ellos.

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