Cuando no todos son amigos

no_amigos2Las redes sociales llevan ya más de una década intentando convertirnos en más sociales, si cabe, de lo que somos por naturaleza. Por ello, estos últimos años parece existir una “pandemia de amistad”. De pronto todos somos amigos con independencia del tiempo que haga que nos conozcamos o de la química humana que destilemos, pero sobre todo somos amigos porque estamos agregados a un perfil digital.

El concepto socialización se ha potenciado sobremanera con las redes sociales y hace ya tiempo que ha perdido pie. Como en todo hay defensores y detractores pero la realidad es que las redes sociales existen y nos relacionan más, aunque también como en todo, tienen lo bueno y lo malo. Pero muchas veces lo bueno y lo malo no es inherente sino que lo forzamos nosotros. Y uno de los azotes de las redes sociales es la idea de que nos deshumanizan.

Pensemos con coherencia, ¿en realidad alguien pierde amigos físicos por no ser amigos digitales? ¿alguien se ha visto obligado a hacerse amigo físico de alguien porque de pronto es amigo digital? Son preguntas, y la lista es larga, que parecen obvias oteadas desde fuera pero que nos hacen dudar y mucho cuando estamos inmersos en ellas. En muchas ocasiones, más de las que podemos gestionar, la necesidad de parecer obnubila nuestra realidad de ser.

Pero si bajamos de nuevo al plano del ser, ese plano que nos mantiene en cohesión con nosotros mismos, vemos que todo se reduce a saber vernos, entendernos y compartirnos con independencia de si somos físicos o digitales. Si sabemos quiénes somos, sabremos donde estamos:

  • COINCIDENTES. Tan simple como eso, coincidimos. Nos encontramos de vez en cuando en el metro, en unas oficinas públicas, en un centro de ocio y la relación no pasa de esa coincidencia. Se da la circunstancia que alguna vez un coincidente escala de categoría por otra coincidencia y es en ese momento de contacto más cercano cuando adquirimos conciencia que siempre fuimos coincidentes.
  • CONOCIDOS. Con todo lo que implica conocerse. Este estadio nos une ya que el conocimiento humano implica cercanía, al menos en un grado superior al anterior, ya que saber pasa por relacionarse en un ámbito superior al coincidente. Todos tenemos conocidos, muchos, quizás es la forma de relación humana más común aunque por emociones y calor humano queramos ir siempre más allá de este escalón.
  • COMPAÑEROS. Seguimos escalando. Además de la cercanía física entramos ya en cercanía temporal. Como compañeros solemos compartir tiempo de ahí que sea un concepto arraigado en el mundo empresarial pero, ¿quién no tiene compañeros de deporte o de fiesta? Aquí entra, además, el acompañamiento, eso que gusta tanto al ser humano en su búsqueda constante de no sentirse solo.
  • COLEGAS. No tanto como compañeros de profesión sino como compañeros en sí. Colegas y compañeros son sinónimos si atendemos a la semántica pero el término colega, en la actualidad, ha trascendido indicando una cercanía muy especial que hace tan sólo un par de décadas no se interpretaba. Las nuevas modas sociales, venidas muchas de ellas de más allá de los mares, convierten al “colegueo” en algo más cercano que el simple compañerismo.
  • AMIGUETES. Si subimos otro peldaño ya somos amiguetes. Aquí tenemos un amplísimo abanico de oferta complementaria donde la cercanía ya no se pone en duda pero parecemos movernos siempre en un ámbito distendido y de ocio. Los amiguetes están ahí pero si no están tampoco pasa nada. Podemos ir a todo con ellos pero hay determinadas cosas que no comparto con ellos. Es que en realidad, somos amiguetes, no.
  • AMIGOS. La clave de la existencia gregaria en el ser humano. El quit de la cuestión cuando uno vive según sus emociones y se guía por ellas. Una relación que en ocasiones trasciende incluso la fraternidad o muestra, de forma objetiva, cómo debería ser la misma. Hablamos de compromiso, de vinculación, de lealtad, de respeto, de admiración y de muchas más conexiones entre dos basadas en valores y principios que separan el concepto del resto de la lista. Por ello es curioso que un concepto con tanta carga humana y repercusión emocional sea tomado tan a la ligera. Pero como comentaba, en ocasiones somos nosotros mismos los que erramos al dotar de sentido a las cosas.

En muchas ocasiones, más de las que podemos gestionar, la necesidad de parecer obnubila nuestra necesidad de ser

Por ello empecemos a identificarnos de nuevo y no caigamos en el tópico de que “todos somos amigos”. En absoluto es así, minimizar el significado universal del concepto y querer defender una simpleza inexistente no apela a la coherencia ni al sentido común. ¿Por qué sino se dice que los amigos “se pueden contar con los dedos de una mano”? Hasta la fecha yo sólo cuento cinco dedos.

Cada uno es libre de manejar la lista a su antojo pero adquiriendo conciencia que de una correcta gestión del “ser” derivará un estado de ánimo sustentado en el “estar” y que sólo uno mismo será responsable de ello. Cuando las emociones y las relaciones humanas están en juego, bien vale la pena aprender a jugar para estar listos cuando se nos repartan las cartas.

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