Debemos conocer nuestras limitaciones

envidia

Es muy evidente que no servimos para todo y por ello debemos saber dónde están nuestros límites. Ayer estuve en la presentación del libro “Coaching de equipos” y sus dos autores, César Piqueras y Enric Arola nos deleitaron con más de una hora de conocimiento sobre equipos humanos. Y ese conocimiento nos indica con claridad cuán lejos está la empresa actual de los procesos que tienden a la excelencia. Y para ello, un ejemplo de situación.

Grupo de cinco personas con un claro objetivo entre manos, definir un sistema de gestión de tareas para un proyecto basado en Internet. De los cinco sólo uno tiene perfil técnico y experiencia en Internet de más de 15 años. Los demás lo conocen en modo usuario básico y algunos, ni eso. Pero curiosamente se sienten todos poseedores de la capacidad de gestionar el proyecto.

Esta situación de “liderazgo ilusorio” se da cuando alguien desconoce sus limitaciones y se postula como líder capaz. De los cinco, tres atesoran una edad que, según ellos, les posiciona además como “experimentados dirigentes” ejerciendo a diario esa función con resultados desestabilizantes para el proyecto, dado su alejamiento de los procesos y procedimientos que demanda un proyecto que usa Internet como canal de creación de marca.

Cierto día se propone por urgencia definir un sistema de gestión de tareas por lo que el miembro de perfil técnico y dada su densa experiencia en ello, propone la puesta en marcha de dicho gestor utilizando herramientas que ofrece Internet de forma gratuita y cuya eficiencia soluciona con creces las necesidades iniciales del grupo. Por descontado se compromete a formar al resto apoyándose en sus 25 años de experiencia en docencia.

Y es en este momento, consecuencia de la aparición del liderazgo natural aportando un canal resolutivo ágil y eficiente a la necesidad planteada, cuando la soberbia nacida del desconocimiento de sus limitaciones pone en funcionamiento sus armas de destrucción masiva.

Ver cómo la propuesta es comentada entre risas por los 4 miembros receptores con comentarios referidos a la “manía del técnico” de usar Internet y que a sus años “¿qué formación pueden necesitar?” convierte una previa situación profesional de análisis y propuesta de solución en un corro de amigachos que, sobre todo, inciden en la necesidad de bajar a tomar un café, transparentando así el concepto que tienen del quinto miembro.

Pero lo más delicado es que el miembro mayor de los cuatro disonantes, por aportar algo de “seriedad” al ambiente propone, desde la más intensa de las convicciones, que él se erige en responsable de la gestión de tareas y acaba su propuesta con una frase que pasará a los anales de la incompetencia humana y profesional: “cuando acabemos la reunión bajaré y compraré un cuaderno“, haciendo hincapié en cómo apuntaría las visitas de todos los miembros del grupo y los resultados de las mismas, lo que demostraba que su aportación iba muy en serio. Por descontado el perfil técnico no volvió a hablar sobre todo porque esa frase fue el cierre que daba paso “a los cafés”, es gran clásico.

Esta situación de “liderazgo ilusorio” se da cuando alguien desconoce sus limitaciones y se postula como líder capaz

Está claro que ese conjunto de personajes soberbios, desconocedores absolutos de la ausencia o presencia de sus aptitudes y, sobre todo, de sus limitaciones, que cultivan por sistema actitudes que rozan la prepotencia más absurda nos muestran un escenario bastante extremo pero a la vez muy real. Y consecuencia de ello es que ese acúmulo de personas jamás dará como resultado un equipo, de ahí que nos hayamos referido siempre a grupo. La predisposición a escuchar y aprender son sólo algunos de los preceptos esenciales a la hora de configurar un equipo.

Ser persona y respetar a los demás es el paso previo a ser un profesional respetado por los demás

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