No nos pongamos límites

limitesPorque nos pasamos la vida así, poniéndonos límites cuando en realidad no los hay más allá de nuestra imaginación. Por desgracia nuestro entorno social no suele ser muy amigo de la imaginación, como si se tratase de algo infantil (qué tiene de malo lo infantil bien llevado) o como si se alejase de la realidad (cuántas veces pagaríamos por estar lejos de la realidad).

La historia ha demostrado una y otra vez que los límites están para otearlos de lejos e ir a por ellos en un intento de superarlos. Pero la historia también es testigo de que quien destaca sobre los demás, de que quien centra sus esfuerzos de vida en demostrar que su idea es válida y que su reto es mantenerla hasta demostrarla, ha sufrido todo tipo de crueles castigos, entre ellos la tortura y la muerte.

No hace falta ir a la edad de piedra, basta retroceder hasta 1600 donde Giordano Bruno fue quemado en la hoguera por ir más allá de Copérnico y no sólo defender el heliocentrismo sino por proponer que el universo era infinito unido a la posibilidad de infinitos universos, lo que según la época, atentaba contra la unicidad egocéntrica y geocéntrica del ser humano y su hogar y, por elevación, contra la gracia de un Dios que según Bruno había creado esos infinitos universos perdiendo así dicha unicidad.

Y todo por miedo, todo porque Giordano Bruno era más inteligente, perspicaz, tenaz y valiente que sus verdugos. Y por la mala suerte de vivir en esa época donde el suyo fue, como si fuera su deporte, el mismo que a posteriori condenó también a Galileo.

Es obvio que en la actualidad vivimos, por suerte, alejados de torturas y muertes inducidas, premeditadas y alevosas pero sigue existiendo esa brecha entre el que a priori marca la diferencia y es fuente de envidias y el que no acepta ventajas en contra. Hay culturas que premian la capacidad y fomentan su admiración ya que repulsar a alguien con unas capacidades de las que uno carece es reivindicar las carencias de uno mismo. Y por regla general, los grandes líderes naturales que han levantado grandes empresas suelen deber parte importante de su éxito a las capacidades de las personas que ellos mismos han contratado para desarrollar su idea o proyecto.

Por eso no debemos ponernos límites. Ni por nosotros ni por los demás. Un reto es una oportunidad de ser mejores, de aprender, de buscar nuestra excelencia, de conseguir algo significativo que nos sea satisfactorio. Y los límites nos los ponemos nosotros mismos acudiendo a una larga lista de creencias limitantes, de excusas de mal pagador, de “es que …” sin nada tras los puntos. En definitiva, a por ello o no, pero dejemos de perder el tiempo.

El mundo de la empresa vive momentos delicados entre despidos y rimbombantes ofertas de empleo en portales especializados que te exigen ser un portento profesional para trabajar en casi nada. Pero a pesar de ello, de la delicada situación, nos vemos acorralados a diario por seres que adolecen de una visión de si mismos que les muestre cuando yerran y cuando faltan, cuando pecan y cuando ofenden, repartiendo clases magistrales de “cómo dejar de ser profesional por haber dejado de ser persona”.

¿Qué hace que sigamos lidiando, después de tantos siglos y evolución tecnológica, con elementos socialmente indeseables? Pues la dignidad humana, o su ausencia en su caso, esa cualidad que parece piedra preciosa por la dificultad de encontrarla y por lo compleja de aflorarla a la superficie una vez detectada.

Y no hablamos por hablar porque uno entiende la ausencia de ella cuando conoce a personas que van regalándola. Y siempre viene a mi mente mi amigo José Luis, persona de corazón donde las haya a quien una sordera bilateral profunda de nacimiento talló en su ser a la persona más cercana y humana que conozco, una hombre que sabe qué es vivir en un mundo aislado del mundo e incomunicado de por vida por los canales convencionales y cuyo mayor reto es comunicarse y comunicar.

Para él no hay barreras. Para él todo es posible. Para él, no oír no es motivo de nada. Y de ahí nace su maravilloso proyecto Rutas del Silencio donde explica su lucha constante para eliminar las barreras que hacen la vida más dura, si cabe, a las personas que padecen déficit de audición.

José Luis, un enorme balón de oxígeno contra todos esos individuos vacíos, seres prepotentes sin nada que ofrecer y con mucho que quitar, personas que dejan de serlo a voluntad para atracar voluntades ajenas y que deberían tener un espejo de humildad, sensatez y honradez personal en José Luis, una persona que no desea tener nada si es por darlo todo. Un hombre que año tras año recorre miles de kilómetros en su bicicleta visitando escuelas de niños sordos allende los mares para comunicar y transmitir vida.

Y ya en el siglo I antes de Cristo, Lucrecio escribió su obra “Sobre la naturaleza de las cosas” donde explicaba la infinitud del universo con un ejemplo que da idea de la simplicidad y profundidad de su pensamiento. Lucrecio decía que si alguien se colocaba al borde de un muro y disparaba una flecha al espacio esta seguiría indefinidamente o chocaría contra un muro. Si de nuevo y ya sobre ese muro se disparaba de nuevo una flecha se daba la misma situación. Y así una vez y otra de forma que, de una manera u otra, quedaba demostrado que el Universo era infinito. Simple y brillante, no es cierto.

Giordano Bruno le leyó y se inspiró en él para teorizar sobre la infinitud del Universo y la infinidad de ellos y algunos de esos seres vacíos, ególatras e incapacitados se encargaron de silenciarle aunque nada impidió, muy a su pesar y al esfuerzo de quemar sus libros con él, que su obra y reconocimiento trascendieran los siglos.

Entonces no nos pongamos límites, estamos en la mejor época para ello.

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