Sobre mi

babo-y-yoCumpliendo este 2016 mis 30 años como formador y ponente, me certifiqué como Coach por AECOP ESPAÑA hace ya unos años y decidí sumergirme en el reto de escribir mi primer libro. Dibujante escondido y escritor de mesilla, me apasiona todo lo que derrocha sensibilidad y emoción.

Fan incondicional de las emociones como mochila vital e irrenunciable para recorrer el camino que nos conduce de nuestra esencia de persona a nuestra faceta de profesional.

Sabedor que la coherente y acertada gestión de las emociones es estratégica para buscar la excelencia y dotarnos de la capacidad de diversificar y crecer, decido crear EmotionalSpace como modelo profesional orientado a ofrecer a la empresa y desde las personas, los canales adecuados y ajustados a sus necesidades para adaptarse al nuevo ecosistema empresarial, para dotarla de un camino alternativo al tradicional y permitirle acometer con garantía los retos que el nuevo escenario digital nos impone.

Creador y colaborador en diversos blogs, amante del pádel y compartidor nato, mi deseo es hacer florecer el ecosistema de vida en el que me siento feliz. Y las emociones y su herencia son la clave, en mi caso una herencia doble, una pasada y una futura y viene dibujada por 2 «Guillermos».

Cuando tenía 11 años, mi abuelo materno Guillermo al que llamábamos cariñosamente «Babo», me enseñó a golpear al balón con la pierna izquierda ya que él había sido futbolista en sus años de juventud. Mi abuelo era carpintero, jamás estudió pero era capaz de dibujar un mueble a mano alzada como si un talento no atendido quisiera seguir saliendo a la luz.

Gracias a sus enseñanzas y un par de años más tarde, siendo aún muy joven, la posibilidad que tuve de jugar con ambas piernas seguía dotándome de valor ante cualquier otro jugador con el que competir en mi puesto de organizador en el campo.

Admiraba tanto el valor de esa enseñanza que no dejaba de practicar con la izquierda hasta el punto de usarla casi en exclusiva en el calentamiento de los partidos y preguntarme mucha gente si era zurdo, hecho que me honraba al poder contestar siempre «no, mi abuelo me enseñó». Como es obvio, jamás llegué a jugar más que de aficionado y por disfrute pero esa enseñanza, entre muchas otras, moldeó una vida de agradecimiento a ese carpintero nacido en 1911.

Su forma de enseñarme a jugar con mi «pierna mala» teniendo yo sólo 11 años me ha hecho ver, ya de adulto y por mi perfil profesional, que la manera innata en que mi abuelo gestionaba las emociones y la pasión que sentía por ese deporte, se perfilaban como herramientas poderosas a la hora de conseguir que un niño superase sus limitaciones.

guilleY vivo con orgullo la gestión diaria de emociones con mi otro Guillermo, Guille, mi hijo que este 2016 entra en el club de los mayores de edad y del que aprendo cada minuto que estoy con él. Puedo decir con orgullo que él es mi herencia presente más que yo su herencia futura.

Hace ya algunos años que me cuesta seguirle y su ímpetu por crear dirige, en más de una ocasión, mi inquietud por seguir tratando de explorar y entender el mundo de las emociones para aplicarlas a mi ecosistema personal y profesional.

Su forma de ver el mundo me aporta siempre una dirección clara de actuación que no se enseña en las escuelas de negocio y cuyo aprendizaje por mi parte viene avalado por los resultados simples y eficientes que él obtiene. Muchas veces tenemos el conocimiento a distancia de corazón y no somos capaz de verlo.

En definitiva, aquí estoy, intentando canalizar y compaginar unas enseñanzas de principios del siglo XX con otras de principios del XXI que sin duda me hacen mejor día a día y me indican qué tipo de hombre debo ser. Y todo gracias a mis dos «Guillermos».

Espero cumplir con las expectativas de ambos.

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