Sobre mi

babo-y-yoLlevo surcando el océano empresarial hace ya más de 30 años desplegado como formador, ponente y canalizador de contenidos. Me certifico como Coach por AECOP España en 2013 y decido sumergirme en el apasionante mundo de la empresa, desde la óptica del management y el engagement, de la visión interna y externa del modelo para ser un colaborador más en su desarrollo. Y apoyado siempre en herramientas y canales digitales, disfruto acompañándolos hacia una mejora de procesos, rendimiento y productividad.

Me siento feliz de participar con los profesionales y empresas de su desarrollo adaptativo digital desde el foco del coaching, acompañando su cambio de modelo de percepción personal para que vislumbren y adquieran nuevos argumentos que faciliten su transformación en profesionales adaptados al nuevo ecosistema empresarial y de mercado que estamos viviendo.

Dibujante escondido y escritor de mesilla, me apasiona todo lo que derrocha sensibilidad y emoción.

Fan incondicional de las emociones como mochila vital e irrenunciable para recorrer el camino que nos conduce de nuestra esencia de persona a nuestra faceta de profesional.

Sabedor que la coherente y acertada gestión del entorno organizacional es estratégica para buscar la excelencia y dotarnos de la capacidad de diversificar y crecer, decido participar en la creación de La Cueva de los Talentos como modelo de desarrollo del potencial que hay en los talentos de cada uno.

Creador y colaborador en diversos blogs, amante del pádel y compartidor humano nato, mi deseo es hacer florecer el ecosistema de vida en el que me siento feliz. Y las emociones y su herencia son la clave, en mi caso una herencia doble, una pasada y una futura y viene dibujada por 2 «Guillermos».

Cuando tenía 11 años, mi abuelo materno Guillermo al que llamábamos cariñosamente «Babo», me enseñó a golpear al balón con la pierna izquierda ya que él había sido futbolista en sus años de juventud. Mi abuelo era carpintero, jamás estudió pero era capaz de dibujar un mueble a mano alzada como si un talento no atendido siguiera pidiendo paso.

Gracias a sus enseñanzas y un par de años más tarde, siendo aún muy joven, la posibilidad que tuve de jugar con ambas piernas iba dotándome de valor ante cualquier otro jugador con el que competir en mi puesto de organizador en el campo.

Admiraba tanto el valor de sus enseñanzas que no dejaba de practicar con la izquierda hasta el punto de usarla casi en exclusiva en el calentamiento de los partidos, preguntándome mucha gente si era zurdo, hecho que me honraba al poder contestar siempre «no pero mi abuelo me enseñó a golpear con la zurda». Aunque jamás llegué a jugar más que de aficionado y por disfrute, esa enseñanza y muchas otras, moldearon una vida de agradecimiento y comprensión sobre los principios y valores del ser humano que forjaron mi persona, algo que siempre agradeceré a ese carpintero nacido en 1911.

Su forma de enseñarme a jugar con mi «pierna mala» teniendo yo sólo 11 años me ha hecho ver, ya de adulto y por mi perfil profesional, que la manera innata en que mi abuelo gestionaba las emociones y la pasión que sentía por ese deporte y su nieto, se perfilaban como herramientas poderosas a la hora de conseguir que un niño superase sus limitaciones.

Y hoy día vivo con orgullo la gestión diaria de emociones con mi otro Guillermo, Guille, que con tan solo 20 años ya es fuente de inspiración y del que aprendo cada minuto que estoy con él. Puedo decir con orgullo que él es mi herencia presente más que yo su herencia futura.

Hace ya algunos años que me cuesta seguirle y su ímpetu por crear dirige, en más de una ocasión, mi inquietud por seguir tratando de explorar y entender el mundo de las emociones para aplicarlas a mi ecosistema personal y profesional.

Su forma de ver el mundo me aporta siempre una dirección clara de actuación que no se enseña en las escuelas de negocio y cuyo aprendizaje por mi parte viene avalado por los resultados simples y eficientes que él obtiene. Muchas veces tenemos el conocimiento a distancia de corazón y no somos capaz de verlo.

En definitiva, aquí estoy, intentando canalizar y compaginar unas enseñanzas de principios del siglo XX con otras de principios del XXI que sin duda me hacen mejor día a día y me indican qué tipo de hombre debo ser. Y todo gracias a mis dos «Guillermos».

Espero cumplir con las expectativas de ambos.

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