Una historia inesperada

francotiradorNo es nada nuevo que Clint Eastwood recorte trozos de vida y los eleve a los altares de la historia del cine en forma de cinta emotiva e inolvidable. Y esta vez ha vuelto a conseguirlo para agrandar su leyenda como Director en mayúsculas después de dejarnos una vida de Actor, también en mayúsculas.

Tampoco es nada nuevo que la entrega de los Oscar esté convirtiéndose en una especie de mediática caja de sorpresas y que poco a poco vaya alejándose de gustos y sabores sazonándose cada vez con las especias de los grandes medios americanos que, en realidad, mueven muchos hilos y crean tendencias de apreciación.

Pero dejamos aparte puntos de vista porque de nuevo tenemos entre manos otro gran trabajo de Eastwood. Apelando al día que fui reconozco que acudí a la sala acompañado de una leve sensación de desidia por el protagonista, ya que hasta la fecha no vi nada de él que me llamase la atención en lo más mínimo. Pero alejándonos de nuevo de subjetivismos, el conjunto era mucho más atractivo que esa sola parte. Y lo más ilusionante es que estaba seguro de antemano que no iba a ver una película de francotiradores.

La forma que tiene Eastwood de absorbernos es soberbia, uno entra en la película nada más empezar y recibe sensaciones que lo mantienen levitando en el asiento. Pero una de las cosas que más me llama la atención es la capacidad de llevar a la gran pantalla hechos reales convertidos en película que hacen que a veces la vida real parezca una película.

Pero Francotirador va mucho más allá. Estamos ante un cúmulo de valores en la mente de un hombre que se curtió en una de las profesiones más duras que existen. El poder de un francotirador es inmenso e inalcanzable y la fortaleza humana para serlo va más allá de los que la mayoría de nosotros podemos siquiera imaginar.

Chris Kyle (Bradley Cooper) tuvo que hacer frente a una vida de muertes a través de una mira telescópica cuando hasta la fecha no había hecho más que cabalgar toros en rodeos. Tuvo que madurar tras esa mira y su precisión le convirtió en el tirador más efectivo de la historia del ejercito americano en sus 4 despliegues en Irak. Pero no, no es una película de francotiradores.

En los 132 minutos que dura este relato de vida se nos muestra, más allá del rifle, quién fue Chris Kyle. Y mi reflexión post película me deja algunas notas:

  • HUMILDAD. El apodo “Leyenda”, acuñado por un compañero y sedimentado por muchos de los que salvaron la vida gracias a su rifle, le resultaba incómodo y el reconocimiento de las muertes insignificante frente a su máximo pesar: el no haber podido salvar más vidas. Cuando uno tiene tanto poder en sus manos, poseer ese grado de humildad le convierte en un ser humano poco usual.
  • COMPROMISO. Nada era suficiente para él si se trataba de proteger a sus compañeros en defensa de su país. El hecho de ayudar a los Marines en revisiones casa por casa en tierra, abandonando su puesto cuando no había marco de defensa visible, habla del compromiso con sus compañeros. El pensar que sus conocimientos estratégicos podían ayudar a los Marines en su apoyo y volcarse en ello con ellos es sello de compromiso.
  • VALOR. Cuando se atesoran valores firmes y se tiene la convicción de vivir según ellos, la carga de valor impresa define el grado de valor de una persona. Valor de valía y valor de valentía, ambos arraigados en la piel de un francotirador dotado de la sangre fría y a la vez de la carga emocional para poder disparar por obligación profesional y prevención de vida de sus compañeros, a objetivos que a pesar de verlos desde una cómoda butaca, nos erizan la piel.
  • LEALTAD. Uno de los valores esenciales de la raza humana pero también uno de los más malversados y pisoteados por interés. Su lealtad hacia sus compañeros, su aseguramiento vital en misión y el valor de la vida humana por encima de todo son atributos que convierten a Chris en un ser excelente. Un objetivo en la mira de su rifle, un objetivo de guerra en su mente: proteger la vida de sus compañeros. Cualquier otra circunstancia se alejaba de sus cánones de lealtad hacia su país y sus soldados.

Cuatro valores que sumados conforman profesionalidad y excelencia y que dejó patentes, una vez más, al implicarse con los veteranos a su vuelta a casa, apoyándoles con su presencia como “Leyenda” y reivindicando así, por naturaleza, los valores de un profesional, de un soldado, de un hombre. Valores que llevaba en su equipaje de vida y que supo transmitir Eastwood con asombrosa transparencia y viveza.

Y no sería justo en absoluto si, volviendo a mi leve absceso de desidia, destacar la interpretación de Bradley Cooper. Quizás el tiempo le deparaba este papel para patentar sus dotes dramáticas ya que actores encajados en papeles de comedia cómica o romántica suelen enquistarse muy pronto. Pienso y vuelvo a ser subjetivo, que éste ha sido el momento de Bradley Cooper, no sé si el último pero para mí sí el primero, demostrándome y demostrándonos que se mueve con libertad en un registro dramático y coherente, con fuerte presencia en pantalla y muy estable y equilibrado en actuación.

Mi baremo cinematográfico se basa en que cuando algo más de dos horas de película transcurren sin noción de ello tanto la primera vez que veo una película como la segunda, es señal de algo pasa en esos 132 minutos.

Francotirador, una joya más de Clint Eastwood para tener en casa, un trozo más de vida más llevado al celuloide.

Una historia inesperada.

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Gracias !!

2 Comments

  1. He empezado a leer la entrada y la dejo, quedo convocada para después de ver la película…

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