5 pilares del teletrabajo, desde la persona

Apareció de golpe, sin avisar y sin quererla y ha colocado al mundo y sus habitantes en una situación que nadie de los presentes recuerda, por las consecuencias que está diseñando y por el alcance incierto de las mismas. La pandemia llegó para reescribir la historia de este 2020, un año para olvidar que todos recordaremos.

Con ella llegó el confinamiento y uno de los cambios «estrella» por obligación en el entorno profesional: el teletrabajo y las reuniones online.

Sin embargo, una vez más y ya es costumbre, la situación nos impacta por sorpresa cuando nada es sorpresivo en algo que lleva comunicándose por años y que, recurrentemente, dejamos pasar.

Este hecho demuestra, con poco género de duda, que seguimos ajenos por intención a muchas de las variaciones que fluyen en el ecosistema en que estamos embebidos. Seguimos ejerciendo mucha resistencia al cambio.

En esta caso hablamos del teletrabajo o, al menos, de un principio de trabajo online, que no es lo mismo si atendemos al hecho de que, como todo proceso funcional, el teletrabajo se cimenta en una estructura diseñada y planificada mientras que durante la pandemia, muchos escenarios online se han basado en conexiones vía plataformas de chat para tener reuniones y trabajar más horas que antes.

En esta segunda década de siglo, sin saber muy bien cómo ni porqué, hemos llegado a un punto en que tenemos la falsa sensación de que lo controlamos todo y con ello vamos tan «sueltos» y confiados, que nos suelen caer todas de frente y en la cara.

Pensamos que estamos preparados para todo hasta que experimentamos que mucho de lo necesario, nos falla. Y no me refiero con ello a la pandemia como hecho inesperado e imprevisible, sino al teletrabajo como alternativa.

Porque muchos de los que ahora están siendo «defensores» por interés, no hace mucho eran los que, durante años, criticaron que se quisiera implantar el teletrabajo en las empresas porque para ellos era una alternativa sin interés.

Han sido empresarios amantes del «presentimo» y férreos seguidores de que hay que apostar por cantidad de horas en lugar de por calidad de hora. Y no dudo y es una opinión subjetiva, que serán los que en meses, cuando esto acabe, volverán a renegar del teletrabajo.

Y este es un hecho a analizar porque viene tintado de una «hipocresía interesada» y porque es una de esas partes del «más de lo mismo» que hace que nuestro tejido empresarial siga enfangado y evitando cualquier liana que tenga a la vista para salir del cenagal porque, como siempre, para lo bueno y para lo malo, somos las personas las que tenemos la capacidad de cambiar las cosas.

«Cuidado con estancarse en el sesgo del realismo ingenuo según el cual,

la única verdad es la que yo veo o la que yo siento»

Guillermo Llofriu

El teletrabajo se perfila como el trabajo en el que nos han cambiado el sustrato relacional, las herramientas y la filosofía de gestión. Aún así se rige por normas genéricas con matices propios que todos debemos seguir para verlo convertido en productivo. Es decir, que sea «tele» no debe empañar todo el conocimiento que todos tenemos de la parte de «trabajo».

Eso sí, por encima de todo y como en todo en la empresa, se asienta en aspectos propios del ser humano que, dependiendo de su grado de compromiso, tintarán el verdadero lienzo del teletrabajo efectivo, hecho que se cumple por igual en el trabajo tradicional.

Sin más, afloremos los pilares y hagamos un ejercicio de autoconocimiento, ya que dependen de cada uno de nosotros:

1.- LA RESPONSABILIDAD

Este valor humano es una ficha esencial en el juego de la vida y, como no, en el de las empresas. Su tratamiento es personal e intransferible y por ello, se muestra envuelto de una neblina de misticismo en su gestión, no por el concepto en sí sino por la gestión que hacen muchas personas de ella.

Un destacado porcentaje de conflictos y problemas que emergen a diario son consecuencia de su ausencia o incorrecta gestión. Sin embargo, si hiciésemos una encuesta, nadie duda que el 100% de los encuestados remarcarían su alto grado de comprensión y uso excelso.

Es simple entender que en un escenario estadístico como este, uno de los dos indicadores tiene que fallar y así, por decirlo rápido y claro, parece que los conflictos y problemas diarios son una realidad que se antoja difícil de cuestionar (y no estamos es un escenario de realismo ingenuo).

Entonces, ¿qué sucede? Lo más práctico es que os lo contestéis cada uno de vosotros:

  • ¿Tenemos conciencia sobre las repercusiones de eludir la responsabilidad?
  • ¿Es posible que estemos globalmente inmersos en un momento de «da igual, si al final nunca pasa nada», que potencia la desidia?
  • ¿Percibimos que sigue estando muy en boga el eludir el bulto sin rubor y culpar a los demás de lo que sucede?
  • ¿Sigue normalizado el puesto de trabajo que, por nepotismo, no tienen responsabilidad alguna generando toxicidad en la empresa?

En el teletrabajo, cuando no tenemos trato directo con los compañeros y la comunicación es online, el valor vinculante de la responsabilidad adquiere tintes mayores, si cabe, ya que parece que el hecho de no relacionarnos induce a evitar algunas de las acciones a las que estamos «obligados» cuando tenemos a alguien enfrente.

El trabajar en el entorno de confort por naturaleza, nuestra casa, parece dotarnos de una seguridad que nos permite, incluso, saltarnos determinadas acciones porque nos vemos muy capaces de justificarlas, – que no argumentarlas -, con cualquier acción «de casa» que, en condiciones normales, sería innombrable y probablemente inaceptable.

Porque al final, las respuestas al ejercicio de la responsabilidad, son propias de cada uno y cada uno debe correr con sus consecuencias. Eso sí, no olvidemos que aunque en casa, seguimos en el ecosistema profesional.

De ahí el valor de conocer con la mayor exactitud posible, el perfil profesional de tus trabajadores si quieres penetrar con garantía en procesos de teletrabajo. En esta entrada anterior os dejo un acercamiento al mundo del comportamiento profesional en empresa.

2.- EL COMPROMISO

Más palabras mágicas: el compromiso, ese azote de proyectos y empresas donde al principio, entre compañeros y delante de un refresco, es un en mayúsculas a cualquier de las propuestas que se hacen y que, con el tiempo y sin que tenga que ser mucho, se convierte en ese momento no pocas veces comentado de «y cuando vi que me costaba remar, me giré y vi que estaba solo en la barca».

El término compromiso viene del latín compromissum, referido a un acuerdo para cumplir con la adjudicación de un árbitro, refiriéndose además la palabra promissus, a promesa.

Con esta definición debería quedar clara su esencia, no tan solo por lo que implica sino por lo que representa entre personas.

Si no somos personas comprometidas, difícil será el caminar por la vida y la empresa ya que iremos de «fallones» y la integración será, en ocasiones, poco factible.

El teletrabajo dimensiona este valor ya que parte importante de las directrices dinámicas del mismo son propias de cada uno al gestionar casi por completo y en solitario, su entorno de trabajo.

Veamos qué tal nos respondemos a:

  • ¿Somos de los que siempre decimos que sí aunque sepamos que es o será un «no»?
  • ¿Nos comprometemos para salir del paso de un «no» pensando que cuando sea el momento de huir, ya lo afrontaremos?
  • ¿Tememos comprometernos porque nos sentimos poco capaces a la hora de ejercer lo que nos corresponde en nuestro rol?
  • ¿Confiamos en que el compromiso de los demás llevará en volandas el resultado del proyecto, pareciendo así innecesario aportar el nuestro?

Sería interesante testear vuestras respuestas, – que por supuesto y con agradecimiento previo, podéis dejarme al final de la entrada -, y no solo en términos estadísticos sino, sobre todo, en la vertiente cognitiva y ejecutiva.

Cuando falla el compromiso nos vemos obligados a ser reactivos en lugar de productivos, empujados por esa falta de actitud hacia el cumplimiento de nuestras tareas y lastrando siempre una desventaja competitiva interna y externa.

Y si bien estas carencias son muy humanas, el desarraigo emocional y relacional inducido por los ambientes online puede potenciarlas si no somos firmes seguidores de la inteligencia emocional, pudiendo convertirnos, poco a poco, en profesionales con valía decreciente.

3.- LA CONFIANZA

Otra quimera estadística, de las del 100% en respuesta positiva versus un porcentaje muy diferente en acción y que asusta, en la vida real.

Las creencias limitantes inducen al ser humano a pensar que hay cosas de las que es mejor no hablar, por esa extraña y surrealista percepción de que si las citas, se cumplirán. Es como aquello que nos decían de pequeños de «si no te duermes enseguida, los Reyes Magos no podrán dejarte los regalos», aunque de adultos y en ambiente de empresa. Cada uno que saque conclusiones de ello.

Y es precisamente este punto, entre algunos otros, el que nos conduce a situaciones ridículas como pensar que si voy diciendo que soy una persona confiable cuando en realidad, no lo soy, la gente creerá en mi confiabilidad tan solo porque yo lo digo y no porque sean lo suficientemente inteligentes como para ver, con mis acciones, que no lo soy. Más de los Reyes Magos.

Esto viene al caso de que la confianza es una de las partes esenciales del teletrabajo. Sin confianza, un empresario no estará tranquilo permitiendo a su profesional trabajar desde casa. Por igual, sin confianza, un profesional no estará tranquilo trabajando fuera de la oficina pensando en las repercusiones que ello pueda acarrear en su rol o condiciones profesionales, por el simple hecho de no estar.

El estar siempre presente, – el antes llamado «presentimo» es uno de los azotes de las organizaciones y las relaciones en equipos de trabajo ya que cuando una meta se orienta al cumplimiento de un objetivo, se habla de todo menos de «simplemente, estar por estar».

Y en el teletrabajo sucede lo mismo. Durante el confinamiento, un elevado porcentaje de profesionales, comentan haber hecho bastantes más horas que en condiciones normales. En este supuesto, ¿somos capaces de evaluar el rendimiento real en productividad de ese exceso de horas?

Y todo ello, ¿a qué creéis que es debido?:

  • ¿A que muchos lo dicen sin haberlo hecho, porque queda bien decirlo?
  • ¿A que piensan que el hecho de hacer más horas, incrementará la confianza de sus responsables en ellos?
  • ¿A que la empresa intensifica el contacto online porque no confía en que sus profesionales gestionen su tiempo y tareas por sí mismos?
  • ¿A que somos gregarios como individuo y como todo el mundo dedica muchas horas al teletrabajo, nosotros también?

Las estructuras funcionales son sistemas orientados a consecución de objetivos y el teletrabajo no es menos. Sin embargo y por enésima vez, solemos obviar el valor de las personas en esos sistemas, como unidades irrenunciables a cargo de su funcionamiento y como responsables de sus resultados.

Suena triste que haya que seguir acudiendo, una y otra vez, a hablar de «la vuelta a las personas en las empresas» porque jamás han dejado de ser ellas las artífices de su existencia.

«¡Confiamos demasiado en los sistemas, y muy poco en los hombres!»

Benjamin Disraeli

4.- LA CAPACITACIÓN

¿Nos hemos parado a pensar cómo casa la brecha digital que lleva ya décadas azotando a las empresas con que, de pronto, muchas de ellas se hayan puesto manos a la obra con el teletrabajo?

Sin duda, este hecho imprime mucha fuerza al argumento de que si las empresas no priorizan el desarrollo digital ni evolucionan en entornos online, no es por falta de recursos técnicos ni humanos sino falta de interés o incomprensión sobre el rendimiento de un cambio por intención, – ya que en un proceso de cambio por obligación como el vivido en el confinamiento, han salido mejor paradas de lo que muchas de ellas esperaban -.

Y como en toda moneda, la otra cara ha venido dada por el pesar y hasta el sufrimiento que estos entornos online han generado en muchos profesionales, lo que hace referencia directa a su nivel de conocimiento.

Una de las noticias que ha marcado este 2020, además de un virus que ni siquiera se puede tildar de estar vivo y cuyo tamaño es la diezmilésima parte de un milímetro, ha sido la relativa a los planes de colonizar Marte. En este escenario increíble, ¿se antoja lógico el hecho de que la capacitación siga siendo una de las asignaturas pendientes del tejido empresarial, sobre todo las PYME?

En 2018, tan solo el 30% de las empresas consumieron su crédito en formación bonificada y de él, tan solo utilizaron el 60%. Pensando en que la formación bonificada puede entenderse como «formación gratuita», las causas de dicha estadística se antojan de urgente análisis.

Al hilo del confinamiento, muchos profesionales han descubierto los webinar, – concepto que nació allá por 1990 -, y cuyo modelo ha impactado como premisa o refuerzo al concepto de formación online. Sin embargo, en tan solo cuatro meses, se está empezando a escuchar y no pocas veces, que «la gente está cansada de tanto webinar».

Está claro, y si no es así hay que hacérselo mirar, que no podemos seguir estos procesos virulentos de «descubrir-destruir», debemos atender a las cosas en su justa medida y con la proporcionalidad que las necesidades de cada uno demanda, porque lo que se aleja de estos estándares personales únicos, es contraproducente y conduce a la desidia y el abandono.

La capacitación es uno de los ejes estratégicos del desarrollo y si esta pandemia y la crisis económica que nos espera a las puertas de Navidad no nos hace cambiar, entraremos en una situación peligrosa de la que quizás no podamos salir.

Porque:

  • ¿Tiene sentido seguir hablando de brecha tecnológica en 2020 porque en realidad, la hay?
  • ¿Son lógicos los valores de formación bonificada en la empresa española?
  • ¿Como se explica que nos saturemos en tres meses por consumir en demasía un producto, solo porque parecía ser «la moda»?
  • ¿Cuántos de vosotros sigue viendo webinars después del confinamiento?

5.- LA COMPRENSIÓN

Este último punto quizás debería ir en primer lugar por su vinculación y valor. Sin embargo, doy por entendido que cada ser humano, en un grado u otro, es capaz de ejercer la comprensión. Y si me lo he llevado al final es porque la necesitamos sobre cada uno de los 4 puntos anteriores.

Quizás uno de los problemas que más nos complican la existencia es la falta de tiempo o interés en detenernos a reflexionar las cosas. Aunque parezca de Perogrullo, uno no puede resolver un problema si no sabe que lo tiene y, para ello, debe haberlo detectado y comprendido.

Y el teletrabajo conlleva una enorme carga de comprensión no solo técnica sino también estratégica, respecto de los profesionales y su empresa, en relación al uso de los tiempos y del trabajo en equipo. En definitiva, es una nueva forma de trabajar y sí, hay que aprenderla.

Si bien es cierto que lo que hemos experimentado en un campo suele ser más simple, a priori, de implementar en otro, no siempre es así y se ha visto que el teletrabajo, aunque se haya activado, no ha sido bajo la fórmula que la empresa necesita para que dicho modelo siga en circulación y con tendencia positiva.

Y aquí es donde entra la comprensión sobre los cambios que todos, profesionales y empresa, debemos hacer si queremos, en un periodo de años y si empezamos ahora, que el teletrabajo sea el nuevo modelo de gestión de las empresas, al menos de algunas.

Porque en verdad, el miedo a no comprender nos lleva a mostrarnos de formas inverosímiles con tal de no reconocer que no lo hemos entendido. Porque:

  • ¿A que muchos renegaron del teletrabajo, casi desde el mismo inicio, tan solo porque no se sentían capaces de entenderlo?
  • ¿A que, como dijimos en positivo, a pesar de desconocerlo, las empresas han hecho lo que han podido?
  • ¿A que si en las reuniones offline se pierde mucho tiempo, no digamos ya en las online?
  • ¿A que al tener todo el tiempo por delante en un mismo escenario de confort, huimos de alguno de los preceptos de la productividad: la planificación y la gestión del tiempo?
  • ¿A que confundimos «estar» con «hacer» y no tenemos límite?
  • ¿A que nos cuesta mucho pensar que la solución a no comprender algo es tan simple como preguntarlo?

Me atrevería a decir que el teletrabajo ha venido para quedarse, sin embargo, no me atrevo a decirlo apoyándome en la gran lista de cosas que también vinieron para quedarse y que, por alguno de los mismos 5 puntos que aquí detallo, moran como fantasmas en el transcurrir de un tiempo que no entiende, al verlas, como profesionales y empresas seguimos sin trabajarlas con la intensidad que nos permitiría crecer mucho más rápido.

La comprensión es el sustrato de gran parte de nuestra movilidad como profesionales, no temamos decir «no lo sé», no nos inventemos argumentos tan solo por no decirlo, no aportemos solo para equilibrarnos con el resto si no tenemos qué aportar. Y si no sabemos, preguntemos atendiendo a la máxima china que reza «aquel que pregunta es un tonto por cinco minutos, pero el que no pregunta permanece tonto por siempre».

MI REGALO

Como cierre al post, os invito a descargaros mi ebook «10 FRASES SOBRE ROJO PARA DESPUÉS» donde, en un ejercicio propio de comprensión puesto en palabras, coloco en orden una serie de acciones que puedan servirnos a todos de hoja de ruta a la hora de afrontar la vuelta progresiva al mundo profesional.

Aquí os dejo el link de descarga. Espero lo disfrutéis y gracias por dedicarle vuestro tiempo 🙏

Y por favor, dejadme vuestros comentarios,
siempre son de ayuda y así generamos contraste de opinión.


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