5 tips para evitar la penumbra en tu empresa

La salud de tu empresa pasa por la salud de sus profesionales. Y no nos referimos a salud física, – que también -, sino al bienestar que necesita cada uno para desarrollar su potencial, ya que de su productividad depende el devenir de la empresa y el negocio.

Una de las máximas que debemos contrastar hoy día es la del cambio, el hecho cierto de que todo cambia y es un cambio que se mantiene, de que nada vuelve atrás si no es para crear algo nuevo basado en lo antiguo (lo retro).

Y a pesar de la claridad con la que el cambio nos ilumina, muchas empresas siguen en penumbra.

Si entendemos que el desarrollo de una empresa depende de sus mentes pensantes a nivel ejecutivo, de su fuerza profesional a nivel funcional y de los productos y/o servicios en cartera, no hay que ver muy allá para entender de quién es la responsabilidad de trabajar en penumbra.

Pues hay que decir que no es tan obvio, ni de cerca ya que de manera recurrente y sin visos de revisión voluntaria, los gestores siguen culpando de la penumbra a casi cualquier circunstancia externa, antes que reconocer su implicación en ella.

Es determinante dejar claro que no hablamos de culpa ya que la culpa no da de comer a nadie, aunque nuestro tejido empresarial esté abonado a la búsqueda desenfrenada del culpable en lugar de enfocarse con prontitud en la solución.

Las empresas son motores económicos y como tales, no pueden permitirse el lujo de «jugar». Por ello urge abandonar la posición clásica de «niño pequeño» donde muchos defienden de forma acérrima que los buenos resultados se deben a su gestión y los malos, a la incompetencia de los demás.

Es preocupante ver lo enquistada que aún sigue esta premisa porque es uno de los motivos de la penumbra.

Y puestos en este escenario, la responsabilidad dentro de la organización suelen escalar a los estratos ejecutivos como ejercientes del «mando y ordeno».

Y no diremos que no sea así atendiendo a su rol en ellas, sin embargo, las organizaciones son entes orgánicos donde todos y cada uno de sus profesionales, sin excepción, aportan y se comportan como una unidad de vida y producción conformando, en conjunto, el organismo funcional.

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿cómo nos manejamos para alejar la penumbra?

Pues cambiando de posición y observándola desde otro lugar, desde la conceptualización del «qué» para, una vez entendido, acudir al «quién» para ver y plantear el «cómo».

Para ello trataremos cinco conceptos genéricos que, de una forma u otra, habremos vivido o en la que nos vemos reflejados:

1.- EL MAL ROLLO

Empezamos fuerte: el mal rollo. Día a día lo vemos, lo vivimos, lo sentimos, lo respiramos. En horizontal o en vertical, del cliente o del proveedor.

Las noticias de los medios nos llenan de él (para eso están) y si hemos tenido problemas en casa, por poner un ejemplo externo, muy probablemente nos lo llevemos al trabajo porque todos somos humanos y cuesta compartimentar.

El mal rollo carcome los cimientos de los equipos y, por ende, de las organizaciones porque es una especie de gas que nadie ve pero que todos respiramos, impregnándonos casi sin remedio.

Es difícil escapar de él y es muy corrosivo. Afecta de forma traumática a la comunicación interpersonal y, al emanar del interior del emisor y ser inhalado, afecta de forma inmediata a la comunicación intrapersonal de cada uno.

Si a ello añadimos la facilidad del ser humano por abonarse a lo negativo, tenemos entre manos un arma de destrucción masiva. Y entonces, ¿qué podemos hacer contra el mal rollo?:

  • si tú eres el portador, adquiere conciencia de ello y, donde sea que encuentres un lugar tranquilo, detente y respira, inhala y exhala varias veces con conciencia, esforzándote por dejar el mal rollo en algún lugar ajeno a la empresa. Adquirir conciencia del problema es el primer paso para ponerle solución
  • si eres potencial receptor y siempre antes de inhalar el gas, intenta percibir los motivos del portador, intenta empatizar poniéndote en su lugar aunque sea desde la mínima expresión de la situación. Siempre es mejor un leve instante de empatía que la ausencia total de ella. Y apóyale, ayúdale, asesórale o ampárale, pero ponte a su lado
  • y si la infección ya se ha convertido en pandemia y parece no haber salida, intenta coger las riendas y aplica los puntos 1 y 2 a la vez. Acabas de ascender de situación difícil a reto extremo

Sea como sea, parece que tú eres el primer gestor del mal rollo y tienes las herramientas para trabajar cualquiera de las 3 acciones anteriores. Vale la pena pensar en ello si quieres abandonar las penumbras porque del bienestar de tus profesionales depende el compromiso de tus clientes.

2.- EL HORROR DE LAS INJUSTICIAS

En el cine, la penumbra suele ser la antesala del horror. Y aquí no vamos a ser menos. Parece que poco hay que decir del horror de las injusticias que no sepamos, sin embargo, ahí están, acechándonos a diario.

Una injusticia es una figura que obvia y trasciende capacidades profesionales, trabajos excelentes o cualquier acción de valor que uno pueda aportar, entre muchas otras, porque su ejecución depende de otros factores que suelen ser incontrolables, inabordables o inalterables.

Propietarios ignorantes o creyentes del «como dueño, lo sé todo», jefes mediocres y déspotas, compañeros ególatras e interesados, hijos mediocres y prepotentes de jefes o propietarios (mediocres o no), ignorantes con poder en su máxima expresión y un largo etcétera, son el caldo de cultivo de las injusticias.

Porque el sistema empresarial está caduco en muchos aspectos, funciona por inercia y el miedo al cambio sigue pesando más que el enquistamiento y el apego a las creencias y prejuicios, aunque ellas traigan problemas.

Entonces, con estas premisas, ¿cómo podemos mitigar las injusticias?

  • documenta al máximo la información que crees y gestiones. La tradición aún muy arraigada de comunicarse «boca a boca» hace bueno el refrán de que las palabras se las lleva el viento. Y ese viento es un alimento excelente para la injusticia
  • gradúa con precisión tu confianza, tanto la que ofreces como la que recibes. No es cuestión de sesgarlas sino de de seguirlas de cerca y detectar, con la mayor celeridad posible, cualquier punto de quebranto. Lamentablemente, cuando hay por medio reconocimientos profesionales o premios económicos o en especies, la rotura de esa confianza para el bien propio vuelve a ser un arma de destrucción masiva

Las injusticias son como trampas en la selva, no las vemos, y si además, trabajamos en penumbra, necesitamos iluminación con urgencia.

3.- LA ACTITUD DE CAMBIO

Si el entorno cambia, tú debes cambiar. Casi avergüenza citarlo por ser un tema tan obvio y de sentido común, sin embargo y por contra, en las organizaciones no suelen verse planes de análisis y detección del cambio como herramienta preventiva y de desarrollo.

Seguimos inamovibles en un mundo de cambio, como si no fuera con nosotros, nuestro empresa ni nuestro modelo de negocio.

Podríamos estar todo un día citando ejemplos de cambio adaptativo que todos consideraríamos más que obvios, aún así, pregúntate, ¿en cuáles de los siguientes cambios, irrenunciables hoy día para una empresa, estás inmerso?:

  • ¿conoces el perfil de conducta de tus profesionales o tienes una elevada rotación de personal?
  • ¿trabajas la comunicación interna y el cariño por tu marca para diseñar con valor el compromiso de tu cliente?
  • ¿entiendes Internet como tu nuevo comunicador 24×7 o sigues pensando, como autojustificación de tu miedo y/o desconocimiento, que Internet no es para tu empresa?
  • ¿sigues pensando que las ventajas competitivas de tus competidores frente a tu modelo son fruto de la casualidad o la suerte?

El cambio es un proceso continuo actitudinal, anticípate con el cambio por intención y aléjate así del cambio por obligación.

4.- EL VIRAJE DE JEFE A LÍDER

Leas donde leas, aparece la palabra líder. Escuches a quien escuches, se llena la boca de sus acciones de liderazgo. Y si observas las empresas, sin importar cuál sea su sector o función, descubres un plantel de jefes tradicionales difícil de gestionar.

Hay una creencia limitante muy dañina con la que muchos creen que hablando sin parar de algo, ese algo acabará pasando. Obviamente eso es un absurdo y, además, te bloquea ya que año tras año vemos mares de palabras escritas y habladas relativas a desarrollo y crecimiento mientras el estancamiento de la empresa, en muchas de sus áreas y procedimientos, sigue siendo preocupante.

Lo mismo ocurrió con la palabra gerente, miles de tarjetas de visita con ella impresa mientras las capacidades gestoras de muchos de sus propietarios, siguen dejando muchísimo que desear.

Para liderar no basta con hablar de ello y escribirlo en un 5,5cm x 8,5cm de cartulina. Para liderar debes, entre muchos otros aspectos:

  • poseer una serie de competencias transversales, ser consciente de ellas y potenciarlas día a día
  • entender las relaciones personales en ambientes profesionales, siendo capaz de gestionar tu ego y el del equipo y dominar la comunicación intrapersonal
  • tener principios y valores sólidos, transmisibles al equipo y alineados, siempre, con los valores de la empresa
  • entender el cambio como una premisa funcional y de desarrollo profesional y empresarial

Creer que todo el mundo sirve para ser jefe nos ha conducido a lo que vivimos hoy día. No olvidemos el Principio de Peter, donde la promoción jerárquica conduce a un número ingente de profesionales a escalar a su máximo nivel de incompetencia.

Para escalar, hay que saber de escalada.

5.- LA SINERGIA GENERACIONAL

¿Cuál es la dinámica de la empresa actual respecto a sus recursos humanos?

De forma muy genérica y sin entrar en matices, se echa a los «mayores» porque no se adaptan a lo nuevo y se evita contratar a los «jóvenes» porque les cuesta adaptarse a lo viejo. Esta disonancia es una de las grandes barreras sin sentido que condiciona el desarrollo del tejido empresarial.

Y quien niegue esta premisa, que mire las estadísticas, no hay secretos en el mundo del surrealismo empresarial. Y si entrecomillo las etiquetas es porque seguimos sin entender que los profesionales no deben evaluarse por su edad sino por sus competencias.

En momentos de «hablar para la grada», a los más antiguos se les llama mentores y a los más jóvenes, emprendedores. Una realidad más que luego se esfuma al cruzar la puerta de las empresa, introduciéndonos en la penumbra de la brecha generacional.

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿cómo podemos acometer este tema?:

  • primero, necesitamos entender qué tipo de profesionales tenemos en el rango de edad de mentores y cómo pueden y deben adaptarse a los cambios que trae el mercado
  • con ello y en paralelo, necesitamos entender qué tipo de profesionales necesitamos en el rango de edad de emprendedores y cómo pueden y deben adaptarse a la situación actual de la empresa
  • segundo, necesitamos entender qué estrategia diseñamos para conseguir la adaptación de cada uno a sus necesidades funcionales
  • tercero, necesitamos diseñar planes específicos de aprendizaje mutuo y comunicación relacional para crear y convertir en productiva nuestra sinergia generacional de éxito
  • cuarto, necesitamos entender cómo construir un espacio común colaborativo para que ambos perfiles se «eduquen» el uno al otro basándose en sus conocimientos y experiencias

Mientras no entendamos que echar a los veteranos genera pérdida de conocimiento y experiencia, esenciales ambas para el desarrollo de la empresa; y que no contratar a los noveles impide que la empresa disponga de savia nueva conocedora de los tiempos que el actual ecosistema de negocio trae, no habrá consenso interno en las empresas y cada vez les será más complicado desarrollarse.

Hace demasiados años que disfrutamos de la luz para volver a vivir en penumbra, ¿no creéis?.

Por favor, déjame tus comentarios y
así generamos contraste de opiniones


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Comments : 2

Raquel

Gracias por compartir tu mirada y tu contribución para lograr empresas más competitivas y personas más a gusto con su trabajo.

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Guillermo Llofriu

Gracias a ti, Raquel, por tus palabras. En verdad, es una necesidad global y diría que urgente, que las empresas empiecen a vislumbrar las cosas desde otra perspectiva y adquieran conciencia de sus nuevos necesidades en un entorno tan cambiante. Y bueno, vamos aportando granitos de arena a ver entre todos lo conseguimos. Saludos cordiales

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